Llevamos años enfrentando retos sin precedentes para lxs trabajadorxs de color. Aunque la tendencia se extiende a mucho antes del período de Trump, esto ciertamente la exacerbó, ya que es una administración que se entrelaza íntimamente con el sector financiero y con racistas descaradxs por igual. Se puede decir con seguridad que el poder de las fuerzas derechistas y antisindicalistas están a niveles pico. No debe ser ninguna sorpresa que el enfoque de muchos de estos ataques antisindicalistas están dirigidos a trabajadorxs negrxs y de color. Históricamente, lxs trabajadorxs negrxs y de color siempre han sido objeto inicial de las fuerzas derechistas – una tendencia que continúa hasta el día de hoy. Y ahora, justo cuando pensábamos que las cosas no se podían poner peor para lxs trabajadorxs en riesgo, nos encaminamos hacia una recesión masiva que sabemos que azotará a ellxs y a sus comunidades con mayor fuerza que a nadie más.

Ahora es un momento tan importante como cualquier otro para asegurar que nuestros esfuerzos por sindicalizar empleadxs ocurran junto con las luchas más amplias por la justicia racial. Los sindicatos, que han sido una fuerza principal por la justicia económica de la gente de color en los últimos 50 años, se han decimado a niveles históricamente bajos. Con una tasa récord de desempleo que ya es la norma, los sindicatos pueden ver cómo sus membresías se deciman aún más.

Es hora de que las organizaciones sindicales tradicionales, las organizaciones de trabajadorxs más nuevas y el movimiento más amplio por la justicia racial unan todo para crear un orden económico y social que sea radicalmente nuevo. Esta tarea es difícil y será aún más difícil en este momento. Pero la historia reciente nos ha enseñado que una estrategia clave para lograr esta nueva realidad es a través del uso de la herramienta de la negociación sindical, una estrategia que ahora se conoce como Negociar por el Bien Común. Consideremos un ejemplo reciente de organización en la Universidad de California.

La Local 3299 de AFSCME encabezó una campaña transformativa que puso la justicia racial al frente y centro. El sindicato entró a la campaña con la meta de poner fin a la subcontratación externa para los trabajos de sus miembrxs. La campaña tuvo muchos puntos que destacaron – los cuales incluyen seis huelgas y siete amenazas, acciones e informes que expusieron la fallida apuesta de UC en la bolsa de valores de Wall Street sobre fondos buitre que malgastaron en cargos mil millones de dólares de pensiones y donaciones, una campaña legislativa de múltiples años que culminó en la primera Enmienda Constitucional de la historia en prohibir la subcontratación externa y un “boicot de oradorxs” que culminó en que DNC sacara de UCLA su debate de diciembre 2019. Pero más importante aún que esas victorias del pan de cada día es cómo se lograron. La Local 3299 de AFSCME ha invertido por años en las relaciones con otras organizaciones – ya sean organizaciones estudiantiles en el campus, otros sindicatos o grupos de justicia racial de base. El sindicato tiene un compromiso interno con la justicia racial que va más allá de la retórica y que realmente dirige su trabajo de campaña.

Esta campaña en particular estuvo basada en investigaciones que hallaron disparidades raciales y de género en los salarios de lxs miembrxs de AFSCME, en gran parte debido a la concentración de trabajadorxs negrxs y latinxs, especialmente mujeres, en cargos de menor paga y un declive consistente en el empleo de personas negras en el transcurso de dos décadas. Estos hechos se sumaron a otras realidades de justicia racial a lo largo del estado, incluyendo ataques a las comunidades inmigrantes y una falta de oportunidades laborales para personas han estado previamente encarceladas.

Al trabajar con la comunidad y su mano de obra base, la Local 3299 pudo incorporar estas exigencias en su lucha de contrato – algo que habría sido impensable en una negociación sindical normal. Después de una campaña de 3 años profundamente sumergida en Negociar por el Bien Común, ejecutivxs de UC finalmente cedieron a las exigencias principales del sindicato que incluían una prohibición general contra la subcontratación externa; derechos y protecciones adicionales para inmigrantes; un compromiso con fomentar oportunidades de contratación y capacitación para las comunidades infrarrepresentadas, incluyendo a lxs trabajadorxs previamente encarceladxs; cero recortes a la seguridad de jubilación de lxs miembrxs; y un salario mínimo de $20 por hora para 2024. Este contrato histórico tendrá efectos en toda California por años venideros.

El enfoque de la Local 3299 en la bolsa de valores de Wall Street y otras corporaciones fue algo intencional. Wall Street no titubea para beneficiarse de y perpetuar la desinversión en las comunidades de color y muy a menudo olvidamos estudiar la cadena para ver que, al otro lado de las crisis comunitarias, hay banquerxs adineradxs y muiltimillonarixs llenando sus bolsillos. Campañas como la de la Universidad de California, que incluyen acciones directas dirigidas a los bancos, los fondos buitre, las corporaciones y lxs multimillonarixs son efectivas y esenciales para lograr victorias reales para nuestras comunidades.

Este tipo de organización puede ser difícil. Con el propósito de aislar a lxs trabajadorxs de sus comunidades más amplias, el otro lado ha hecho un tremendo trabajo en reducir la definición de la negociación meramente a salarios y beneficios. En muchos estados, las leyes laborales prohíben que lxs trabajdorxs del sector público negocien asuntos relacionados con el bienestar de la comunidad más amplia o la calidad de los servicios que prestan.

La teoría de Negociar por el Bien Común busca retar este estatus quo. Como dijo Joseph McCartin de Kalmanovitz Initiative for Labor and the Working Poor de Georgetown University, Negociar por el Bien Común tiene tres principios fundamentales:

1) Trascender los marcos de negociación escritos en las leyes y rechazarlos como herramientas de la élite corporativa para permanecer en el poder;

2) Crear exigencias entre grupos comunitarios locales y sindicatos al mismo tiempo que en coordinación estrecha con cada quien desde un principio; y

3) Aprovechar la acción directa colectiva como clave del éxito de campañas organizativas.

Estas pueden parecer ideas simples, pero están en completa oposición a la forma en que las élites corporativas esperan que se haga la negociación sindical. Allí radica su poder.

Aunque la membresía base y el liderazgo de la Local 3299 son impresionantes, cualquier sindicato puede hacer esto. De hecho, es emocionante imaginar las posibles exigencias de negociación que los sindicatos grandes podrían adoptar junto con otros asuntos de justicia racial. Por ejemplo, lxs trabajadorxs municipales y estatales podrían exigir medidas de impuestos progresivos que incrementen los fondos de lxs actorxs corporativos para financiar escuelas y servicios en comunidades negras; lxs maestrxs podrían exigir que los distritos escolares implementen políticas de justicia restaurativa para detener la vía directa de la escuela a la prisión; lxs trabajadorxs de hospital podrían negociar programas de acceso a la atención médica dirigidos a las comunidades de color; lxs trabajdorxs de la venta al por menor podrían exigir que sus empleadorxs “eliminen el recuadro” (“ban the box”) y permitan que las personas previamente encarceladas puedan trabajar. La lista es prácticamente infinita.

El momento actual hace que este trabajo sea aún más esencial. ¿Veremos inversiones sistémicas reales y de largo plazo, dirigidas al impacto diferencial en las comunidades de color? ¿O será más de lo mismo, con regalos a las corporaciones y las élites adineradas que perpetuarán el racismo estructural? Negociar y organizar por la justicia racial es una idea radical y no será algo que ganemos con facilidad. Requerirá acciones directas dirigidas a quienes realmente toman las decisiones en los sectores públicos y privados, quienes tienen un interés real en mantener intactas las desigualdades raciales.

 
 

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